18-XII-2008
¿Profesional?
Profesional es una palabra muy utilizada en el mundo de la fotografía digital: resultados profesionales, programas profesionales, impresoras de calidad profesional, cámaras de nivel profesional... en fin, trátase de un adjetivo que, parece ser, da buenos resultados comerciales.
Sin embargo, a veces, conviene plantearse, realmente, su veracidad.
Recuerdo mi primera réflex digital, una Canon D60. Sólo el cuerpo, costó 3.000 €. Antes de comprarla, obviamente, rastreé a fondo todo tipo de opiniones, y, desde luego, el calificativo que más se le adjuntaba era, precisamente, profesional. La cámara resultó ser un fiasco: un enfoque automático entre malo y pésimo, y no hablemos de las fotografías con flash ttl: la mitad salían absolutamente quemadas. Esos problemas se volvieron a repetir en la 10D, su sucesora. Por cierto, como había pasado un tiempo, el precio era menor, y, aunque con mejores características, esta 10D ya no era considerada profesional sino de aficionado avanzado. Vaya, hombre, habíamos bajado de categoría.
Cualquier réflex actual es bastante superior a aquellas, y, sin embargo, pocas de ellas merece el deseado adjetivo. Debe ser que los profesionales de ahora son más exigentes y mejores que los de hace unos años.
Eso de ser profesional es muy relativo: uno puede ser fotógrafo profesional y no necesitar cámaras de más de 2 ó 3 megapíxels, o poder prescindir de grandes ráfagas o formato RAW. Por ejemplo, un fotógrafo profesional de paisajes no suele necesitar tres o quinientas fotografías por segundo; un fotógrafo profesional de una revista publicada en Internet no necesita 15 Mp; o un fotógrafo cuyas imágenes se publican en un periódico, a pequeño tamaño, en blanco y negro y tramadas, no necesita un perfecto ajuste de balance de blancos, por ejemplo. Y todos ellos pueden ser tan profesionales como el que más.
Eso sí, si nuestra cámara, o nuestros zapatos, adjuntan la etiqueta "apto para uso profesional", mejor que mejor.